
Toda clase de especulaciones económicas y posibles escenarios político-estratégicos han surgido tras la muerte del líder de Al-Qaeda, pero pocos se han detenido a analizar el lado netamente artístico de dicho acontecimiento y las repercusiones que éste va tener en la imaginería visual de los próximos años.
Porque querámoslo o no, debido a la creciente sobreexposición audio-visual y gráfica que ha recibido el líder yihadista (y sus actuares) en los últimos diez años, Osama esta a pasos de convertirse en el nuevo “Che” Guevara para el siglo XXI, alzándose como una figura de masas repetida hasta el cansancio, que logra una total desapego de su significado político-cultural y se reinterpreta y deforma según los ideales y temores de cada generación, dando origen a un icono que no tiene un significado en sí mismo, sino que pasa a conformar simplemente una imagen del inconsciente colectivo que cualquier adolescente con antojos de rebeldía puede llevar en su camiseta.